jueves, 27 de septiembre de 2012

The only excepcion.

Eres una chica de dieciséis años. Un día te levantas, te miras al espejo, y te ves muy gorda. Tan gorda que te das asco a ti misma. Vas al instituto como cualquier día normal, hablas con tus amigas de verdad, las que sabes que van a ser completamente sinceras contigo y les preguntas que si ellas te ven gorda. Su reacción es algo como "¡PERO SI ESTÁS DELGADÍSIMA!". No lo entiendes. Tú te sigues viendo gorda. Crees que todos deben de tener un problema o algo, porque claramente estás muy gorda. Vuelves a tu casa como cualquier día y te miras en el espejo. ¡Vas a tener que perder peso! Buscas a tu madre, que está en la cocina y se lo preguntas a ella también. "Mamá, ¿estoy gorda?". Tras poner la misma cara de sorpresa que todas tus amigas, te dice: "¿GORDA? Hija mía, tú de gorda tienes lo que yo de tonta". Y otra vez más te preguntas qué es lo que le pasa a todo el mundo que no ve la realidad. Llega la hora de comer. El plato está demasiado lleno. No puedes comer tanto. Te levantas, pones como excusa que no tienes hambre y te vas a tu cuarto. Intentas estudiar, pero no puedes, porque no dejas de pensar en cosas como "¿Qué pensará la gente cuando me vea por la calle? Pensarán que soy una foca. Pensarán que estoy obesa". Te concentras en estudiar, pero no puedes. No dejas de darle vueltas en la cabeza a lo que piensas. Tu madre se ha ido a comprar. Tu hermano está en clase de inglés. Tu padre está trabajando. ¿Y qué haces tú? Vas al baño. Te miras en el espejo, y te ves gorda otra vez. Así que, como no sabes qué hacer, te echas a llorar. No sabes por qué, no sabes que te impulsa a hacerlo, pero te acercas a el inodoro y vomitas. Vomitas con lágrimas en los ojos. Oyes que alguien está entrando, te limpias las lágrimas y sales del baño. Es tu padre, que llega de trabajar. Te pregunta, "¿Qué tal?". Tú dices que bien, sonríes forzadamente y te vas a tu cuarto. En cuanto entras te tumbas en la cama y muerdes la almohada para no gritar. Tu madre y tu hermano llegan, es la hora de cenar. Comes. Mientras que no dejas de pensar en lo que te repercutirá eso en tu peso. Dices a todos que te vas a duchar, pero no. En realida solo abres la ducha para que nadie te oiga como vomitas otra vez. Y te vas a la cama, sin dejar de darle vueltas a lo que acabas de hacer.
¿Por qué lo he hecho? Yo no soy así, yo sé enfrentarme a los problemas. Dios mío, ¿qué me pasa?
Te duermes, te duermes bañada en lágrimas.
Y así pasan los días. Tus amigas cada vez te dicen más que te ven pálida, que te ven cansada, que estás más delgada. Y tú sonríes como si nada diciendo que no pasa nada. Tu madre te mira con preocupación. Te ha propuesto varias veces llevarte al médico, pero tú reiteras una vez más que no pasa nada. Tu padre te mira de reojo con un brillo extraño en los ojos, como si te fueses a romper en cualquier momento. Incluso tu hermano está claramente preocupado por ti. Pero tú te sigues viendo gorda cada vez que te miras al espejo. Cada vez te encierras más en tu mundo, del que pareces que no puedes salir. Sigues vomitando y luego lamentándo que lo haces. Hasta que un día, te sientes más débil de lo normal y te desmayas en mitad de la calle. El resto son imágenes borrosas. Y te despiertas con una cegadora luz blanca encima. Estás en un hospital.
Tu madre te abraza llorando mientras que el resto de tu familia y amigos la acompaña. Estás desconcertada, no sabes lo que te pasa. La gente no deja de hablarte, y tú estás confundida. Cuando se van todos, tu madre te mira. Dice dos palabras que te cambiarán para siempre. Dice con lágrimas en los ojos "Tienes anorexia". Y tú estás más confusa que nunca. No sabes qué hacer. Pasan dos días y tienes que volver a casa. Piensas que no pasa nada, que todo está olvidado. Pero sabes que en el fondo no es así. Tienes un problema.
Tu madre te da una noticia, a partir de mañana irás a un centro especial. Tú no sabes si estar agradecida o echa una furia, y te echas a llorar. Otra vez. Lloras y lloras. No puedes parar de llorar. Hasta que te das cuenta, de que debes hacerlo. Por todas aquellas personas que te quieren. Debes salir de esta enfermedad y seguir adelante. A la mañana siguiente te levantas temprano para ir al centro. Una vez allí piensas que no está tan mal, que hay gente mucho peor que tú. Y allí te ayudan. Y te hacen de comer. Y no te dejan vomitar. Pasan los días, y tú en cuanto puedes vomitas. O no comes. Y no entiendes por qué lo haces. Sabes que tienes un problema y quieres superarlo, pero no puedes.
6 MESES DESPUÉS.
Recoges tus cosas. Miras por última vez la que ha sido tu habitación durante medio año. Te despides de todas tus compañeras y vas al baño. Allí te miras en el espejo. Y te ves preciosa. Te ves una persona increíble, con poder para hacerlo todo. Y nada gorda. Es más, incluso crees que no te vendría mal engordar un poco. Sales por la puerta principal, te despides de todo el mundo... De toda esa gente que te ha ayudado. Y dejas que el viento te de en la cara, dejas que el aire entre bien por tus pulmones. Y vuelves a nacer. Vuelves a nacer para una vida que sabes que será mejor.

Firmado: Carlos Peguero Stinson.

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