¿Por qué lo he hecho? Yo no soy así, yo sé enfrentarme a los problemas. Dios mío, ¿qué me pasa?
Te duermes, te duermes bañada en lágrimas.
Y así pasan los días. Tus amigas cada vez te dicen más que te ven pálida, que te ven cansada, que estás más delgada. Y tú sonríes como si nada diciendo que no pasa nada. Tu madre te mira con preocupación. Te ha propuesto varias veces llevarte al médico, pero tú reiteras una vez más que no pasa nada. Tu padre te mira de reojo con un brillo extraño en los ojos, como si te fueses a romper en cualquier momento. Incluso tu hermano está claramente preocupado por ti. Pero tú te sigues viendo gorda cada vez que te miras al espejo. Cada vez te encierras más en tu mundo, del que pareces que no puedes salir. Sigues vomitando y luego lamentándo que lo haces. Hasta que un día, te sientes más débil de lo normal y te desmayas en mitad de la calle. El resto son imágenes borrosas. Y te despiertas con una cegadora luz blanca encima. Estás en un hospital.
Tu madre te abraza llorando mientras que el resto de tu familia y amigos la acompaña. Estás desconcertada, no sabes lo que te pasa. La gente no deja de hablarte, y tú estás confundida. Cuando se van todos, tu madre te mira. Dice dos palabras que te cambiarán para siempre. Dice con lágrimas en los ojos "Tienes anorexia". Y tú estás más confusa que nunca. No sabes qué hacer. Pasan dos días y tienes que volver a casa. Piensas que no pasa nada, que todo está olvidado. Pero sabes que en el fondo no es así. Tienes un problema.
Tu madre te da una noticia, a partir de mañana irás a un centro especial. Tú no sabes si estar agradecida o echa una furia, y te echas a llorar. Otra vez. Lloras y lloras. No puedes parar de llorar. Hasta que te das cuenta, de que debes hacerlo. Por todas aquellas personas que te quieren. Debes salir de esta enfermedad y seguir adelante. A la mañana siguiente te levantas temprano para ir al centro. Una vez allí piensas que no está tan mal, que hay gente mucho peor que tú. Y allí te ayudan. Y te hacen de comer. Y no te dejan vomitar. Pasan los días, y tú en cuanto puedes vomitas. O no comes. Y no entiendes por qué lo haces. Sabes que tienes un problema y quieres superarlo, pero no puedes.
6 MESES DESPUÉS.
Recoges tus cosas. Miras por última vez la que ha sido tu habitación durante medio año. Te despides de todas tus compañeras y vas al baño. Allí te miras en el espejo. Y te ves preciosa. Te ves una persona increíble, con poder para hacerlo todo. Y nada gorda. Es más, incluso crees que no te vendría mal engordar un poco. Sales por la puerta principal, te despides de todo el mundo... De toda esa gente que te ha ayudado. Y dejas que el viento te de en la cara, dejas que el aire entre bien por tus pulmones. Y vuelves a nacer. Vuelves a nacer para una vida que sabes que será mejor.
Firmado: Carlos Peguero Stinson.
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